Motivación y estrategias para adelgazar

pesas

 

Gimnasio.

Es sólo un lugar lleno de máquinas, pero cuantas emociones y pensamientos te remueven cuando piensas en él.
Para muchas personas el gimnasio es ese lugar con máquinas del demonio donde ir a sufrir y a pagar la penitencia por haber subido de peso.

A lo largo de mi vida he frecuentado unos cuantos, normalmente para hacer algún tipo de tabla de ejercicios en sala de musculación o para hacer aerobic.
Realmente nunca fui constante. A lo sumo aparecía 3 meses. Yo, palabrita que intentaba obligarme a ir y aunque fuera pagaba la oferta de un año de matrícula, que oye, si te pica en el bolsillo parece que te lo tomas más en serio.
Pero nada.

Una etapa recuerdo que fui en pareja, así entre mi chico y yo, pues tirábamos el uno del otro para ir los días de pereza máxima. Pero ni por esas lográbamos pasar la barrera de los 2 meses.
Obvio, teníamos nuestros motivos: los monitores eran demasiado toscos, la sala estaba demasiado concurrida, la música machacona nos ponía dolor de cabeza, no avanzábamos al ritmo imaginado…excusas baratas.
Pero hace unos 10 días nos enteramos de que en nuestro pueblo actual hay gimnasio, gimnasio municipal, pero lo hay.

Me envalentoné y sobre la marcha, en caliente, decidí apuntarme. En este punto he de decir que también convencí a mi marido para que se apuntase. Por la conciliación familiar con los niños no podemos ir juntos, pero ya iríamos viendo cómo nos organizamos…

No pensé en nada hasta la primera tarde que salí de casa con mi mochila hacia el gimnasio.
¿Qué necesidad de ir alli?
Rápidos pensamientos venían a mi: “Con el frío que hace hoy quién me manda”, “Vete a saber cómo será el monitor”, “Y quizás no esté lista después del último embarazo para darme caña en el gimnasio”, “¿y si soy una patosa y no hago bien los ejercicios??”, “seguro que me olvido algo imprescindible en casa”, “a saber qué clase de personas estarán allí…”

¿Sabes que es esto? MIEDO.

Echaba un tufo a miedo que se olía a kilómetros. Salir de la rutina habitual, yo que soy de hacer mis caminatas a mi bola, o hacer mi tabla de gimnasia en casa…
Estaba nerviosa, y asustada también, me daba miedo hacer el ridículo o estar fuera de lugar.

Pero yo seguía caminando hacia el gimnasio. Y esa fue la clave: podía sentirme incómoda, insegura de mi misma, pero aún así tiré para adelante y lo hice. Ese era el primer día de gimnasio de mi nueva versión, Estela 2.0.

Cuando atravesé la puerta del gimnasio nada fue tan trágico como pintaba mi mente boicoteadora. En la sala sólo había dos personas, y ambas fueron agradables y estaban enfrascadas en sus ejercicios. El monitor correcto y me guió en todos los ejercicios con motivación e interés.

Al día siguiente, agujetas que te cagas, pero oye, es un mal menor comparado con lo que he conseguido a cambio. No es un culo más duro, no. Es reforzar mi autoestima, sentirme más libre cada día, dejar atrás mis prejuicios y miedos. Quitar capitas de mi ego y ser más la auténtica Estela. Y siempre hay tarea para seguir rascando.

Este paso de ir al gimnasio es fortalecer tanto mi cuerpo físico como mental y emocional. Nuestra mente puede ser un lastre en nuestro camino de avanzar hacia nuevos objetivos, o abrirnos la puerta para entrar con paso firme.
Si quieres sentirte mejor contigo misma, con tu cuerpo, con tu peso, con la comida… trabaja tu disciplina mental. Es la base de todo. Las emociones se pueden desbocar, pero una mente serena que las gestione de la manera más favorable y equilibrada para nosotros nos proporciona altas dosis de felicidad.

Yo siempre he afirmado que los gimnasios no me gustaban. Claro, me sentía torpe, fuera de lugar, gorda… Pero durante mucho tiempo he permitido que estas ideas pasadas, siguieran haciendo su efecto negativo sobre mí.

Un gimnasio no es bueno ni malo. Ese significado se lo das únicamente tu. Si sientes que te bloquea o es muy limitante, prueba a cambiarlo. El pasado irá perdiendo poder sobre tí, cada día es fresco, todo lo que huele a nuevo nos gusta. Lo que crees imposible de hacer, ya hay alguien haciéndolo en el justo momento en el que tu lo piensas. Rompe tus límites mentales.

Hablando con una clienta, le explicaba como me sentía cuando iba para el gimnasio y me dijo sorprendida: “Ah, ¡que a ti también te pasa esto!”. Claro.
Soy humana, tengo miedos varios, no estoy iluminada por un rayo que me mantiene 24/7 enfocada en una vida sana. El foco se puede trabajar. Toda circunstancia novedosa, desconocida, es susceptible de darnos miedito. La diferencia es que unas personas se quedan inmóviles, y otras aprietan el culo y lo hacen lo mejor que pueden. Punto, no hay más.

Me gustaría dejarte una lista con sugerencias tras haber vivido esta experiencia tan chula…

-Ten presente el motivo por el cual quieres hacerlo.
En mi caso, después de unos años con las mismas rutinas de ejercicios, sentía que quería dar un paso más. Cuando has vivido toda tu vida con sobrepeso es normal querer pesar cuanto menos mejor. Ahí estuve un tiempo, y ya salí. Ahora me interesa tener más agilidad, fuerza, resistencia física… También quiero decirte que si sólo quieres empezar por perder peso, con altas expectativas, te llevarás una decepción tarde o temprano y tirarás la toalla. Cambia la visión y céntrate en disfrutar lo que haces. No vivas apegada a un resultado.¡Conviértelo en un juego que te apasione!

-No seas la Cenicienta.
Busca ropa deportiva chula, con la que te sientas bien y a gusto. No te hablo de comprar ropa deportiva de marca, pero yo he caído mucho en tirar de camisetas cutres y viejunas de propaganda, y eso no ayuda para nada.Da igual como sea tu cuerpo hoy, mereces sentirte guapa en todas circunstancias, no sólo en los momentos especiales. Cada día es especial.

-Que sea sostenible y práctico.
Vayas donde vayas a hacer deporte, que sea sostenible para ti. Recorrer media ciudad para llegar al lugar es garantía de abandono prematuro. Mejor ir al gimmasio o al la clase de yoga que esta a dos calles de tu casa o de tu trabajo que empeñarse en ir al que te recomendó tu prima a 40 minutos.

-Permítete ser novata.
Este paso es IMPRESCINDIBLE. No queremos pasar por esa experiencia. Ser la nueva del lugar.Piensa que todas las personas que están allí han tenido su primer día. ¿Qué es lo peor que podría pasar en este momento? Si piensas que es posible llegar al dominio de algo sin ser novata, sin practicar y sin exponerte a esa situación ( por mucho miedo que te de al principio), lo siento, pero no tienes los pies en la tierra.
Todas las personas tienen sus inicios, en serio, la única persona que te juzga eres tu misma.

-Hazlo público.
Esto funciona muy bien, si compartes con alguien de tu entorno que vas a empezar a hacer deporte, fortalece tu compromiso. A nadie le gusta quedar mal ante los demás. Si eliges hacer un deporte que realmente te gusta y apetece, no tienes que tener miedo a quedar mal si abandonas a los dos días. Si eliges bien, te enamorarás tanto de la sensación de hacer deporte que pueden venir altibajos, claro, pero siempre estarás lista y con ganas para retomar.

-No lo aplaces.

Una vez que tomes la decisión, no esperes. Empieza ya. No des lugar a que tu mente rebusque entre tus miedos y te mantenga una vez más paralizada. Sal de la parálisis del análisis. Las buenas intenciones no cambian nada, tus actos si. Me da igual que sea final de mes, que lleguen las fiestas o lo que sea. Sólo hazlo. Si tienes que perder mucho peso quizás te desmotive pensar que pasarán meses hasta ver resultados, pero el tiempo pasará igualmente decidas empezar tu proceso o no.

Espero que la experiencia de mi primer día de gimnasio te inspire. Ahora mismo creo que los dedos son de las pocas partes de mi cuerpo que no tienen agujetas, pero incluso a ellas las amo. La primera semana está superada y tengo ganas de que sean muchas más.

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