Los dos motores más potentes para cambiar

¿Qué es lo que nos hace cambiar?. ¿Qué nos mueve?

Aunque parezca que hay infinitas razones para cambiar aspectos de nuestra vida, las podríamos englobar en dos grandes fuerzas: el miedo y el amor.

Cambiamos cuando nos sentimos amenazados, cuando vemos peligrar nuestra seguridad. Hay quien piensa que sólo crecemos y espabilamos en la vida cuando recibimos “palos”.

Una persona puede no colaborar en las tareas domésticas de su casa hasta que su pareja se planta y le da un ultimátum planteándole la ruptura.

Es frecuente resistirse y aferrarse a las costumbres, aunque podamos ver que no nos lleva a buen puerto. Esperamos hasta que la vida dice “Hasta aquí”.

En el tema de la alimentación se ve muy claro, quizás sepamos que tendríamos que comer menos grasas, más verdura, beber menos alcohol… pero nos dejamos llevar por la inercia hasta que nos dan un diagnóstico médico. Puede llegar en forma de susto de nuestro corazón, descontrol en los niveles de azúcar o quizás como un cáncer. ¿Si mañana te dijeran que tienes cáncer que estarías dispuesta a cambiar en tu alimentación y en tu vida?

La otra razón para cambiar es el amor. Si optamos por salir del abandono al que a veces nos sometemos porque empezamos a escuchar a nuestro cuerpo y alma asfixiados, actuamos desde el amor.

Cuando aprendemos nuevas formas de alimentarnos, de manera más natural porque respetamos nuestro cuerpo, actuamos desde el amor. Cuando una madre reorganiza sus hábitos y rutinas en el hogar para acompañar a sus hijos desde el propio ejemplo de salud también está actuando desde el amor.

Afortunadamente hay motivos muy nobles que nos hacen cambiar. Hacer una transición de esta forma es calmada, se disfruta cada paso, cada logro. No sentimos el miedo de estar en la cuerda floja.

Según actuemos desde el amor o desde el miedo nuestro estado emocional será claramente distinto. En el primer caso haremos las cosas con gusto, agradeciendo las oportunidades que nos brinda cada día, celebrando cada paso de nuestro progreso. En el segundo caso actuaremos baja la autocrítica, el victimismo del ¿por qué a mi?, y sentiremos que todo nos cuesta un esfuerzo sobrehumano.

Cuando digo que podemos actuar desde el amor no me refiero a ponernos unas gafas de color de rosa y aparentar que todo está bien, perfecto e irradiar corazones de purpurina. No.

Me refiero a empezar a vivir con amor hacia ti misma. Si te tratas con dureza, te castiga la culpa o menosprecias tus esfuerzos, eso será lo que reflejes. Formamos nuestra autoestima en base a las opiniones de los demás, desde la infancia, pero esas eran sus percepciones y no tienen por qué ser ciertas. Descubre quién eres realmente y trátate como a tu mejor amiga. En la vida hay dificultades y también aspectos positivos, la cuestión es ser consciente de que cosas están en nuestra mano cambiar y cuáles no, también cómo reaccionar ante las mismas.

Quizás te preguntes cómo encontrar la fuerza, la motivación para dar el paso y tomar las riendas de tu vida. Deja que el amor te guíe.

Dedica atención a las cosas que te gustan y te hacen sentir bien, cultiva tu vida interior igual que cuidas las plantas de un jardín.

Sé consciente del bienestar y de los beneficios que traerá a tu vida lograr ese cambio deseado. Lograrlo quizás no sea un camino de rosas, pero si tenemos en mente los motivos por los cuales queremos crear un cambio será nuestra gasolina inagotable.

La motivación y la fuerza para cambiar nace en una misma, nadie puede hacer un cambio por ti si no es tu deseo. Tener fé en ti misma no garantiza que tengas éxito en tu propósito, pero la duda te sitúa en el borde del precipicio del fracaso.

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